Compartir
Foto: El Comercio

Por: Carmen Contreras Téllez 

En mayo del 2008, durante el gobierno de Alan García, se dio una reunión con el entonces presidente de Brasil, Lula da Silva. En ella se firmó un memorando en donde se acordó iniciar conversaciones para un proyecto energético Perú – Brasil. Casi dos meses después, el Estado peruano otorga la concesión a la empresa brasileña Egasur para que empiece a realizar los estudios de factibilidad.

La hidroeléctrica, que se planea construir en el río Inambari, es la principal de otras cuatro que se construirán en otros lugares. El sitio exacto es la reserva Bahuaja, ubicada en medio del bosque de la Amazonía, aproximadamente 460 km2 que yacerían bajo el agua de la hidroeléctrica, destruyendo con ella, millones de bosques, hábitats y afectando directamente los ecosistemas de los animales que viven en esa zona.

Sin embargo,  en ese lugar también se construyó la carretera interoceánica, para la cuál ya se destruyeron miles de kilómetros cuadrados de bosques amazónicos. Además, con la creación de este gran proyecto, que planea exportar la energía que se produzca a Brasil, el agua inundaría las carreteras.

Enrique Amayo, Investigador de la Universidad del Estado de Sao Paulo, declaró que no es necesaria la construcción de grandes represas para producir energía hidroeléctrica debido a que el río Amazonas, ya cuenta con más de 5 mil metros de caída que podrían ser aprovechados para este fin.

Es necesario resaltar las distintas perdidas ecológicas que esta gran construcción generaría, incluyendo el daño directo que le proporcionaría al río y a sus especies por la retención de su caudal.

Por su parte, Mauricio Rodríguez, presidente de la región Puno, ya mostró su oposición ante el proyecto, debido a que afectaría al desarrollo agrícola de la zona. Y también porque “racionalmente, el Estado no puede darse el lujo de invertir dinero en una carretera y después echarla bajo el agua”; especialmente la nuestra  -pienso-

De tal manera, hoy tenemos otro conflicto socio-ambiental que está dando la hora, y que es una bomba de tiempo. Brasil es un aliado económico potencial para nuestro país y necesita de esta energía. Sin embargo, pobladores y cientos de ecosistemas estarían envueltos en una pérdida que podrían no recuperarse sino hasta 20 años después. Ahora no nos queda nada más que esperar y difundir. Sólo eso.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

8 − tres =