
Lima, Perú (Spacio Libre).-Una parte del Quijote murió. Marti de Riquer, filólogo, romanista, cervantista sin par y miembro de la Real Academia falleció a los 99 años en Barcelona, luego de una sabia y pura carrera .
“Me extraña que les interese hablar de mí” dijo en la presentación de su biografía, en marzo de 2008, último acto público al que asistió antes de refugiarse en su casa.
Quizá Marti deseó volver a ser ese niño de portentosa imaginación, de la que hizo gala mucho tiempo, nacido en Barcelona en 1914, nieto del artista Alexandre de Riquer e hijo de Emili de Riquer, cuya pronta muerte le inclinó a la rama materna, lo que explicaría que su lengua fuera el español, “El bilingüismo es conveniente y ventajoso”, solía decir.
La de Riquer, como la del propio Quijote, era una vida marcada. El miembro de la decimoséptima generación de una familia de alto linaje, solo podía dedicarse a los clásicos de la literatura, a los que llegó desde la colección Araluce titulada Los clásicos al alcance de los niños, regalo de Reyes.
Con la Divina comedia a cuestas, fue serpenteando por una guerra en la que al final acabó perdiendo parte del brazo derecho. Su regreso a Barcelona fue como delegado del Servicio de Propaganda de Falange. Solo necesitó un año, 1941, para encaminar su destino: se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, donde se quedó como profesor.
Nueve años después ya era catedrático, y en 1965, miembro de la Real Academia, creando un ejército de discípulos (Joaquim Molas y Antoni Comas, a quienes legó la continuación de la Historia de la Literatura Catalana; Salvador Clotas).
Marti de Riquer presentó trabajos impecables sobre los trovadores (1948 y ampliado 1975) y sobre Tirant lo Blanc, pero sin duda el que sobresalió fue la memorable edición del Quijote (1944) y el estudio Para leer a Cervantes(2003), que sostenía que el Quijote era una novela de aventuras cómicas escrita por un competente lector de libros de caballería.
Hablando de los torneos medievales y la panoplia del caballero, entusiasta, Marti no dudaba en inclinarse en su sillón para escenificar pormenorizadamente la manera en que el vencedor ultimaba a su oponente caído y cubierto con la armadura.
Marti de Riquer fue nombrado Marqués de Casa Dávalos, considerado por la Casa Real “intelectual afín al régimen y de familia noble y tradición monárquica”, en 1960 pasó a ser profesor del príncipe Juan Carlos, de cuyo consejo privado acabó siendo también miembro y, en 1977, senador por designación real.
Entre algunas de sus destinciones se encuentra La Creu de Sant Jordi (1992) y el premio Príncipe de Astúrias (1997) .
Sus ideas políticas no le impidieron granjearse la admiración de gente tan alejada ideológicamente como Manuel Vázquez Montalbán, que le rindió tributo en su última novela, a lo que Riquer respondió confesando que le hubiera divertido ser personaje de uno de los relatos policiacos del novelista, a ser posible… el asesino.
La literatura esta de duelo por la pérdida del medievalista , pero el legado de conocimiento plasmado en obras perdurará en la historia y el Quijote seguirá más vivo que nunca con este personaje.
Por Enzo Alminagorta / @EnzoAlminagorta
