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Foto: Internet


Por: Laura Arroyo Gárate

La semana pasada, durante la ronda de preguntas que el gabinete ministerial respondió ante el Congreso de la República, me llamó la atención la propuesta de la ministra de Educación, Patricia Salas, quien planteó que los padres de familia tuvieran participación en la selección de textos en las escuelas. Sin duda, la presencia de los padres resulta crucial para el desarrollo integral de los alumnos, pero cuidado con caer en la mala práctica de “participar por participar”. Creo que podríamos encontrarnos ante un gran obstáculo, en lugar de una ventaja, con una propuesta como esta.

La problemática de los textos escolares ha ocupado espacios mediáticos desde el mes de febrero. Por un lado, el abusivo costo de los mismos, enmarcado en una práctica corrupta que involucraba a algunos directores y profesores, mostró a un ministerio de Educación fuerte en contra de estas editoriales abusivas pero señaló el tema de fondo: respecto a los libros escogidos para escuelas privadas, no hay injerencia ministerial, esta sólo existe respecto de los utilizados en escuelas públicas. Pocas semanas después, la discusión sobre los textos pasó del precio al contenido. Esta vez la discusión era sobre el trato que debía darse al período de conflicto armado interno: si debían llamarlo “guerra interna” o “terrorismo” a secas. A esta discusión terminológica se sumaron un par de denuncias que señalaban que en algunos textos se hacía “apología” del terrorismo. Nuevamente el ministerio se manifestó en contra de ello y afirmó que en los textos distribuidos por esta cartera no se realizaba apología, pero no tenían injerencia en los textos utilizados y escogidos en las escuelas privadas.

Ante estas respuestas, algunas preguntas caen de maduras: ¿por qué hay educaciones distintas? Vale decir, ¿cómo es posible que el MINEDU no lidere el tema de textos escolares (pero también otros temas) tanto en escuelas privadas como públicas? ¿No es acaso el ente rector?

Bueno, para ello es fundamental presentar una propuesta que contemple no sólo el tema de los libros, sino las áreas de acción a injerencia del MINEDU como ministerio encargado de dictar las líneas de trabajo. También un rediseño a mediano plazo del Diseño Curricular Nacional, de modo que no se varíe cada año que es también el tiempo promedio que le cuesta a un docente capacitado, aprenderlo, desmenuzarlo y ponerlo en práctica al 100%.

Pero, volviendo a la propuesta ministerial de considerar a los padres en la selección de textos, debo decir que parece una iniciativa con intención de congeniar con los padres de familia que desde inicios de este año han mantenido una relación tirante con el ministerio. Recordemos, por ejemplo, el elocuente reclamo por la norma que sostiene que se debe tener 6 años cumplidos para cursar el 1º de primaria (al respecto escribí una columna aquí).

Pero aun si congraciarse con ellos fuera parte del plan ministerial, lo cual es positivo ya que es fundamental que los padres confíen en las autoridades de este sector, la participación de los mismos no debe abarcar temas técnicos. Siendo francos, el nivel de instrucción de la mayoría de padres no resulta idóneo. Para muestra un ejemplo que conozco de primera mano.

Hace unos años, en un colegio público que conozco por razones diversas, los padres se organizaron con el objetivo de lograr que se despida a una maestra. ¿La razón? Era incompetente y vaga (sic). Cuando les pregunté en qué se basaban para realizar esas afirmaciones, no dudaron en señalar que era tremendamente negativo que esta maestra fuera la única en la escuela que no enviara tarea para casa a sus alumnos, con lo cual demostraba que no le interesaba el real aprendizaje de los estudiantes.

Fueron inútiles mis intentos por hacerles entender que a los 3 ó 4 años el tema de las tareas debe ser si no limitadísimo, nulo. Para los padres no había mejor manera de aprender que con hojas llenas de planas en cuadernos que los tuvieran “aprendiendo” toda las tardes. Si a eso añadimos la importancia que se da a que aprendan dos idiomas si es posible (además de la lengua materna) antes de los 5 años, que si están “capacitados” se los adelante de grado, que se aplaudan las clases en mesas y sillas, antes que el desarrollo de las mismas en espacios que permitan movimiento y desarrollo de destrezas, entonces queda claro que hay maestros que van por un lado y padres que van por otro.

Lamentablemente, no se puede contar con los padres de familia para elegir textos que sus hijos desarrollarán pues, repito, el grado de instrucción de la mayoría no es idóneo pero, además y sobre todo, porque el Ministerio es el ente encargado de dicha labor. No sólo de seleccionarlos y sugerirlos, sino de señalar las razones de su decisión.

Finalmente, es necesario, además, que se implemente el plan que permita al MINEDU tomar decisiones que afecten tanto al sector público empezando por los textos escolares. No puede haber dos educaciones porque, entonces, luego no podemos exigir los mismos estándares para todos. Participación sí, pero que sume y Ministerio firme para que articule.

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