EDITORIAL. El incómodo umbral de la Seguridad Ciudadana
Foto: Generacción

EDITORIAL. El incómodo umbral de la Seguridad Ciudadana

Compartir
Foto: Generacción
Foto: Generacción

*** EDITORIAL *** / @spaciolibre

Han sido 19 ministros del Interior los que han pasado por el sillón del despacho ubicado en la avenida Córpac, desde que hace 13 años la democracia retornó tras la dictadura fujimorista.

Diecinueve ministros que hasta ahora no han podido formular, en conjunto con el presidente de turno, una política de seguridad ciudadana que disminuya los índices de delincuencia en el país.

Y es que entre escándalos y denuncias (muertes en protestas sociales, en el gobierno de Toledo; compras sobrevaloradas en el compras irregulares de patrulleros, el baguazo, los pishtacos, y las sobrevaloraciones en el gobierno aprista y varios «bis» en el gobierno de Humala, además de operaciones fracasadas) ha sido poco menos que imposible compilar una agenda adecuada que permita plantear una política de Estado (ojo, de Estado no de gobierno) que imponga al fin las sanciones correspondientes a los delincuentes y se aplique la prevención necesaria para evitar los crímenes.

Hoy que la desgracia ha tocado la puerta de sectores que parecían intocables por la delincuencia (periodistas, notarías, futbolistas) recién se pone en agenda, como si fuera un nuevo mal, la incapacidad que ha tenido el Estado para proteger a sus ciudadanos. Incapacidad que se inició con el  robo indiscriminado de la caja fiscal en la época fujimorista y que concluye en el abandono total durante tres gobiernos de una policía que por lo menos hace 20 años no tienen equipos nuevos, que tiene que comprarse su uniforme con un salario miserable que hace ver como un botín interesante vender su franco para cuidar un chifa, un banco, o un casino.

El ministro se para frente al micro y ofrece como gran solución: MÁS PATRULLEROS EN LAS CALLES. ¿Para qué? Patrulleros con equipos de comunicación caducos y sin gasolina, con policías que usan celulares sin saldo, con pistolas que no disparan porque se le acaban las balas, con policias que prefieren evitar la fatiga porque el sueldo no les da para más y que obtienen más fondos deteniendo vehículos por doquier en las calles. ¿Esa es la gran solución?

Ahora, seamos justos, hay sectores (los de siempre) que usan el tema políticamente, que ven en este caos (que siempre estuvo, no es nuevo) para «ganarse alguito», para acuchillar un poquito al presidente (el de turno) y obtener un botín político (la cabeza de un ministro interpelado y sí hay suerte, censurado) pero que sin embargo no aportan nada para que esto mejore, para que podamos salir de casa con nuestros celulares, equipos o con el carro o simplemente con un poquito de billete en el bolsillo sin que nos vayan a asaltar en el camino y en el peor de los casos, matarnos por eso.

Es indignante ver a ex jefes de policía y ex ministros del Interior que han fracasado en la lucha contra la delincuencia, dando cátedra de lo que hoy Ollanta Humala debería hacer. La pregunta es ¿ellos que hicieron? La respuesta es simplre: Nada. Y hoy el panorama tampoco pinta para mejor. El Consejo de Seguridad Ciudadana que fue liderado con mucha pompa por el presidente, hoy simplemente es un grupo de trabajo más liderado por un premier que hasta ahora no arranca, que no gobierna, que no ejecuta: NADA DE NADA. Un jefe de policía que sobrevive a muchos escándalos y a muchas metidas de pata y que ahora hasta parece que con tanto cuestionamiento pretende armar montajes para pensar que son efectivos.

Y mientras seguiremos en lo mismo, cuando toquen a alguien que es reconocido, recién reaccionaremos y después NADA DE NADA, mientras los medios seguirán enrostrándonos lo vulnerables que somos frente a los asaltantes, lo fácil que pueden arrebatarnos no sólo la bolsa, sino también la vida.

Sobre el autor

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *