Dos niños en huelga de hambre para evitar deportación de su madre

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Washington, Estados Unidos (Spacio Libre/Agencias).- Cecia y Ronald Soza, dos hermanos de padres nicaragüenses, no paran de llorar desde que su mamá fue detenida en diciembre por las autoridades de inmigración. Desesperados por tenerla nuevamente con ellos, comenzaron una huelga de hambre y están rogándole al presidente Barack Obama que frene la deportación de la mujer.

Maricela Soza, la mamá de los niños, fue detenida en su propia casa por su condición de indocumentada y tiene una orden para ser deportada el jueves. Cecia, de 12 años, y Ronald, de nueve, esperan que Obama los escuche para que su mamá salga de la prisión de inmigrantes en la que está y pueda quedarse en Estados Unidos a vivir con ellos.

“Estamos haciendo una huelga de hambre para ayudar a mi mamá a salir de la cárcel”, expresó Cecia, de 12 años. “Yo haría lo máximo para sacar a mi mami … quiero que Obama me vea para ayudar a mi mamá”, dijo sollozando la niña, que llevaba más de 24 horas sin comer nada y sólo tomando líquidos.

Su hermano Ronald, que por momentos se acostaba como cansado y se sostenía la cabeza con sus manitos, manifestó: “Estoy triste porque estoy pensando que pueden deportar a mi mamá. Estamos haciendo todo esto para ayudar a mi mamá”.

Los niños – que dijeron haber nacido ambos en Estados Unidos y haber decidido ellos mismos comenzar el ayuno – pasaron la noche en dos colchones tirados en el piso de la oficina de la Fraternidad Americana, una organización que ayuda a los inmigrantes hispanos con necesidades.

Su tío Fausto Soza estaba con ellos acompañándolos, al igual que su guardiana legal, Nora Sándigo. Su padre, Ronald Soza, en cambio, permanecía en un lugar desconocido de la ciudad, por temor a que las autoridades de inmigración lo encontraran y detuvieran por su condición de indocumentado. Por este motivo se negó a efectuar declaraciones a la AP.

Maricela Soza, que llegó a Estados Unidos en 1997 cruzando a pie por la frontera de Texas, fue detenida el 19 de diciembre pasado a eso de las 6.30 de la mañana en su casa de Pompano Beach, a unos 70 kilómetros (45 millas) al noreste de Miami. Minutos antes había salido a acompañar a su hija a la parada del autobús que la pasaba a buscar para ir a la escuela y cuando regresó estaban esperándola varios agentes de inmigración para llevársela detenida en presencia de su hijo menor y de su esposo.

Desde entonces la mujer de 32 años, que con anterioridad solo permanecía en su casa dedicada a sus hijos, está en un centro de detención para inmigrantes que esperan ser deportados a sus países de origen.

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