
Por: Brenda Álvarez
En la última encuesta publicada por Ipsos Apoyo sobre el clima político, el Congreso de la República goza del 76% de desaprobación de los peruanos y peruanas. Las cifras no son más que el reflejo del descontento de la población y la debilidad de una institución, cuya existencia se cimienta en el fortalecimiento de la democracia, pero que en los últimos años viene siendo escenario de la vulneración de derechos fundamentales y de la destrucción de los principios democráticos como: la igualdad, no discriminación y la libertad; principalmente para mujeres, adolescentes, indígenas, estudiantes, gays, lesbianas, bisexuales y transexuales.
La identidad de esta institución en detrimento, es el conservadurismo en todas sus expresiones y quizá una de las más nocivas es aquella personificada en el lobby de derechos que en los últimos meses vienen perpetrando grupos fundamentalistas misóginos del fujimorismo liderados por el pastor evangélico, Julio Rosas, ahora congresista, Martha Chavez, Aurelia Tan, Juan Días Dios, y otras (os) más.
Estos (as) congresistas en uso indebido de sus funciones intentan imponer sus funestas creencias religiosas en leyes relevantes para la protección de la vida de mujeres, adolescentes y personas TLGB. Trayéndose abajo la propia Constitución Política y Tratados Internacionales de derechos humanos para cumplir su fin último: seguir criminalizando la sexualidad y reproducción.
![Diversas ONG's feministas protestaron por que no pisoteen sus derechos / Foto: Susan Espinoza [Spacio Libre]](https://www.spaciolibre.pe/wp-content/uploads/2013/07/pinterest.com_.jpg)
Asimismo y por si fuera poco, la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, nombre que excede al rol que viene jugando, en su dictamen al proyecto 609/2011-CR, Ley que sanciona los delitos ocasionados por razones de discriminación, más conocidos como “Crímenes de Odio”, retiró como categorías protegidas a la orientación sexual e identidad de género, a pedido de Rosas y compañía. Esto pasó a vista y paciencia de los y las congresistas que asistieron a la sesión y sobre todo de la presidenta Marisol Pérez Tello, quién a pesar de haber suscrito el proyecto inicial y conociendo íntegramente su contenido, no lo defendió en el marco de la garantía de derechos.
También Martha Chávez en una argucia logró incluir en el dictamen al proyecto de ley “contra la criminalidad organizada” al aborto no consentido cuya incorporación no responde a un fenómeno de criminalidad organizada nacional y pretendería perseguir a las instituciones que defienden los derechos de las mujeres.
Conocemos la relación conflictiva del fujimorismo con el respeto de los derechos fundamentales y la democracia, sin embargo, llama la atención que la disputa interna en el Congreso sea una pugna casi solitaria de algunas (os) congresistas como Coari, Mendoza, Oseda y Bruce.

El 76% de desaprobación es nada más que la foto del momento, fruto del trabajo constante de algunas(os) congresistas quienes siguen traficando derechos fundamentales de peruanas y peruanos en pro de sus intereses.
La experiencia de los años 90 y la dictadura nos dejó varios aprendizajes, el principal es que no podemos hablar de la vigencia de la democracia sin los derechos de las mujeres y de los grupos más oprimidos. La reforma del Estado y en particular del Congreso, pasa principalmente por el respeto mínimo a la institucionalidad normativa, labor que de facto les corresponde pero que lamentablemente vienen incumpliendo.
