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Carlos E. Flores (*)

El 54% de bolivianos y bolivianas eligió al Primer Presidente de la República Indígena, no solo de Bolivia, sino de América Latina: Evo Morales Ayma. Después de más de dos años en el poder, Santa Cruz, el departamento donde se concentra la riqueza del país, la que entrega el 31% del PBI, desarrolló recientemente un referéndum para aprobar o no su Estatuto Autonómico. En medio de enfrentamientos, heridos, un muerto, quema de ánforas, ganó el «sí». Pero ganó el «sí» para quiénes persisten en una mirada distorsionada de Bolivia, los que no quieren la “refundación nacional”, esa que el presidente indígena Evo Morales está decidido a impulsar. En esa consulta no ganó el sí, ganó el ausentismo; ese más de 50% de votantes cruceños que no se presentó a las urnas.

El comportamiento y la respuesta de Santa Cruz resulta ser una señal clara para los sectores conservadores que se encuentran en Ecuador y Venezuela, a Guayaquil y a Zulia respectivamente. Estas dos ciudades han mostrado una oposición, legítima, convirtiéndose en las trincheras de los grupos económicos, de la derecha; y estos, una vez perdido el poder nacional, se trasladaron a los escenarios regionales y locales.

La Corte Nacional Electoral (CNE), máxima instancia en esa materia, ha desconocido el proceso. La Organización de Estados Americanos ha respaldado al gobierno de Evo Morales. No se presentaron Veedores Internacionales para esta consulta. Con todo, Santa Cruz realizó su referéndum. La Corte Departamental Electoral de Santa Cruz desobedeció las disposiciones de la CNE. Manejó veedores de los departamentos opositores que también buscan aprobar sus estatutos autonómicos, Tarija, Beni y Pando. Con ese contexto, el Comité Cívico de Santa Cruz, dio el mensaje de que su intención es darle la espalda a Evo Morales, buscar deslegitimarlo, agudizar la crisis social para desestabilizar al gobierno. Si Gonzalo Sánchez de Lozada salió del poder con muertos de por medio y una profunda crisis política y social, crear un clima similar a Evo podría dar resultado.

Más del 50% de ausentismo en esta consulta le ha dicho a los sectores conservadores que no quieren una Bolivia fragmentada. Y le niega de paso darle plenos poderes a Raúl Costas, Prefecto de Santa Cruz. Los sectores conservadores buscaban legitimar la no pérdida de su poder económico con una consulta popular bajo el amparo de una mejor regionalización, bajo el argumento de la autonomía. Pero la autonomía implicaba que Santa Cruz solamente tuviera vínculos con el gobierno central solo en materia de moneda, defensa y relaciones exteriores. Por eso es que la ciudadanía, justa y sabia, comprendió que venía un mensaje de debilitar al estado, no solamente al gobierno del país. La ciudadanía comprendió que el mensaje de la autonomía no estaba, ni está claro. Que hay un actor, los prefectos opositores, que defienden ardorosamente los beneficios recibidos en todos los gobiernos anteriores a Evo Morales. Y que el segundo actor, el gobierno de Morales, busca redistribuir los ingresos, las tierras. Sí, las tierras. Según los datos del Ministerio de Agricultura de Bolivia indica que 28 millones de hectáreas están en manos del 7% de propietarios. Mirando más en detalle a esos 28 millones se podrá notar que el 95% de tierras se encuentran sin trabajar. Mientras tanto, los campesinos y campesinas tienen solamente cuatro millones de hectáreas para sus cultivos y vivienda. Al final, la lucha por las autonomías no es más que la lucha por la tierra de los terratenientes.

Un 2 de julio del 2006 dos caminos se abrieron en Bolivia: se aprobó una Asamblea Constituyente y los regímenes autonómicos. Ese día Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando dijeron sí; mientras que La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí y Chuquisaca dijeron que no a esos regímenes autonómicos. Un error de estrategia política del gobierno agudizó el debate. Evo Morales hizo campaña por el no, pero perdió él. Y perdió más cuando en la redacción de la Nueva Constitución Política el tema de las autonomías no se abordó apropiadamente. Y ese mal abordaje le sirvió de bandera ciudadana a Santa Cruz, y compañía, para esconder su defensa de intereses políticos. La derecha boliviana encontró la oportunidad para recomponerse luego de perder el escenario político nacional.

Evo Morales ha tendido la mano para iniciar el diálogo. La oposición ha mantenido distancia, como una forma de rechazo, y esperando acaso que llegue el tiempo estratégico del segundo referendo sobre estatuto autonómico que se llevará a cabo el 22 de junio en Tarija, la dueña de las principales reservas de gas de Bolivia. Santa Cruz mandó señales a otras ciudades que ofrecen resistencia a procesos políticos de reformas profundas como Ecuador o Venezuela. Ese sector de la Media Luna (Beni, Tarija, Pando y Santa Cruz) quieren mantener en jaque político al gobierno. Mientras tanto el Presidente Indígena Evo Morales está sentado en la mesa para dialogar.

(*) Responsable de la Producción Informativa de Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica – ALER. www.aler.org

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