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El polvo en la zona no permite respirar con normalidad Foto: Enzo Alminagorta
El polvo en la zona no permite respirar con normalidad Foto: Enzo Alminagorta

Por: Enzo Alminagorta Vía y Rada
@EnzoAlminagorta

Aterrador 23 de marzo del 2015. El cielo resonaba con truenos y rayos, la lluvia torrencial no tenía fin y la población temía lo peor. La quebrada de Inca Kola explotó y el huaico se desembocó creando su propio camino devastador, yo (una señora) no sabía qué hacer y estaba con mis 2 hijos, las piedras reventaban mi casa ―tenía miedo― y empecé a cantar para no asustar a mis pequeños. Fue demasiado el dolor que mi corazón me oprimía, pensé que sería el final mientras todo estaba siendo destruido por el poder de la naturaleza, hasta mi vida.

Este terrible suceso que dejó 9 personas fallecidas, 343 viviendas afectadas y 45 inmuebles inhabitables, aún no tiene final. El sistema de alcantarillado está destruido en algunas zonas, las aguas servidas se han regado por todo el distrito y se han combinado con el lodo y piedras producto de los huaicos. Hoy esto se está secando por el imponente sol que azota al distrito y ha desencadenado inmensas cantidades de POLVO, que se están disipando por todos lados al paso de los carros que transitan por la Carretera Central.

Los carros son los responsables que el polvo se disipe por todo el distrito Foto: Enzo Alminagorta
Los carros son los responsables que el polvo se disipe por todo el distrito Foto: Enzo Alminagorta

Chosica está cubierta en su totalidad por una nube de polvo contaminada y nauseabunda de residuos fecales y aguas turbias de los desagües, que ha generado que aparezcan en el día gran cantidad de moscas y en las noches roedores. Esta polvareda está siendo inhalada por los niños, jóvenes y adultos mayores, poniendo en grave peligro sus vidas ante una posible captación de enfermedades infectocontagiosas.

Grupos de voluntarios con intenciones humanitarias, entre colectivos e instituciones públicas y privadas se han solidarizado y llevado agua, alimentos y ropa en beneficio de ayudar a la población de la zona, sin embargo, lo que hoy necesitan para poder respirar son MASCARRILLAS que permitan repeler― al menos un poco― el infernal polvo que ahoga y mata de a poco a las personas.

Muchos se han comprado por su cuenta su mascarilla protectora, otros han sido repartidos por el Ministerio de Salud y la Dirección de la Policía Nacional, sin embargo, es insuficiente y no alcanza para todos. Además al ser un objeto personal y expuesto al exterior, tiende rápidamente a absorber polvo y es necesario cambiarlo constantemente.

Pobladora cubriendo la boca y nariz con mascarilla para no inhalar polvo Foto: Enzo Alminagorta
Pobladora cubriendose la boca y nariz con mascarilla para no inhalar polvo Foto: Enzo Alminagorta

 

Solo algunos pobladores cuentan con mascarrillas Foto: Enzo Alminagorta
Solo algunos pobladores cuentan con mascarrillas Foto: Enzo Alminagorta

Los que tienen su máscara lo vienen usando por varios días, sin darse cuenta que siguen expuestos a respirar la polvareda. Peor aún es la situación de la mayoría de personas que no tienen este objeto para cubrirse la nariz y la boca, se puede notar sin hacer mucho esfuerzo como niños y adultos caminan expuestos y aspiran las partículas contaminadas de la tierra, incluso sin imaginarse que esto puede ser perjudicial para su salud.

En domingo de ramos una señora que sobrepasa los 60 años de edad, estaba apoyada de las rejas de la iglesia Don Bosco, ubicada a una cuadra de la quebrada de Inca Kola, pese a que el polvo está impregnado en todo el aire de la zona, ella no se movía y no se cubría el rostro, peor aún fue el asombro cuando dijo que era asmática. Me reclamó, “joven porque el hospital solidario que estaba frente a esta parroquia ya no está, yo quise que me atiendan, vine para acá y no encontré nada”, se sentía mal y resignada.

Subiendo por el camino de pedregoso de una quebrada, había un señor con un viejo polo verde y casi bañado en barro, él estaba sacando de forma incansable balde tras balde el lodo de su casa. Tras la caída del huaico todo su primer piso estaba bajo tierra, hoy al menos ya puede entrar. Tan solo pase por ahí sentí que él quería conversar y contar su dolor, “No tengo fuerzas, pero debe continuar”, es lo que dijo ante el desolador momento que vive ¿No se ahoga con el polvo? “Sí, pero que puedo hacer, no tengo para comprar una mascarilla, lo he perdido casi todo”.

Pidiendo ayuda Foto: Enzo Alminagorta
Pidiendo ayuda Foto: Enzo Alminagorta

 

Estas son solo dos historias de las tantas por contar. A veces pienso que es lo más triste que pude haber escuchado y visto en la vida, pero al avanzar y subir un poco más, el panorama es aún más trágico. Muchos sin decir nada, lo dicen todo con los ojos gastados de lágrimas.

No solo se respira polvo, si no que se come. Las zonas que no tienen agua, reciben este recurso hídrico solo para beberlo, porque no alcance para otra cosa. Entonces las personas y sobre todo los niños, no se están lavando las manos y cogen los alimentos que proporcionan algunos colectivos y lo ingieren, sin darse cuenta que también se están comiendo el polvo contaminado impregnado en sus dedos.

La situación en Chosica aún es preocupante por las enfermedades que se pueden desatar. Hoy tú puedes contribuir a que el desenlace no sea ese. Ayuda a respirar aire limpio a sus pobladores proporcionando mascarillas y agua. Ellos te lo agradecerán de corazón.

 

 

Pisos apunto de desplomarse Foto: Enzo Alminagorta
Pisos apunto de desplomarse Foto: Enzo Alminagorta

 

Poblador de la quebrada de Inka Cola exhausto de sacar lodo y piedras de su vivienda. Foto: Enzo Alminagorta
Poblador de la quebrada de Inka Cola exhausto de sacar lodo y piedras de su vivienda. Foto: Enzo Alminagorta

 

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