Piratería: ¿un mal sin remedio?

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Foto: AP
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Somalia (Spacio Libre/BBC Mundo).- Los acontecimientos ocurridos en el Golfo de Adén -en las costas de Somalia- en los últimos años han vuelto a poner sobre el tapete un tema que parecía estar relegado a los libros de historia o a las películas de aventuras para niños.

La piratería -y no nos referimos ni a la copia de CDs o DVDs- ha regresado al siglo XXI, y por lo pronto, pareciera que para quedarse.

Pese a los recientes esfuerzos de varios gobiernos y organismos para acabar con la piratería somalí, poco se ha logrado en este terreno: los piratas continúan «trabajando» con relativa impunidad.

Pero ¿cómo se explica la incapacidad de la comunidad internacional para hacer frente al problema? y ¿por qué se ha transformado en una actividad tan exitosa?

En primer lugar, señala la analista de la BBC Mary Harper, es un negocio que ha sabido invertir las multimillonarias ganancias obtenidas a cambio de los rescates (se estima que por la liberación de más de 40 barcos el año pasado se cobraron entre US$500.000 y US$2 millones por barco.

Aunque es cierto que el dinero se ha gastado en lujosas mansiones, automóviles y fiestas extravagantes, muchos dólares fueron destinados a la compra de armas modernas y sistemas satelitales de última generación que le permiten a los delincuentes detectar a sus víctimas, mucho antes de que éstas puedan notar su cercanía.

Los piratas también han invertido grandes suman en lanchas ultramodernas que les permiten deslizarse por las aguas del golfo a una velocidad mucho mayor que la de los barcos cargueros, lentos de por sí por su tamaño y el peso que cargan.

A pesar de que pesa sobre Somalia un embargo de Naciones Unidas, añade Harper, no es difícil conseguir armas en el país. Dieciocho años de conflicto civil y la falta de un gobierno central fuerte facilitan el acceso a ellas.

Mucho más que Somalia

Lo curioso de este negocio es que si bien la «acción» tiene lugar en las aguas del golfo de Adén, la mayor parte de las negociaciones transcurren en otra parte.

El analista Roger Middleton cree que los propietarios de las embarcaciones secuestradas contratan a profesionales para mediar en el proceso, desde expertos negociadores a empresas privadas de seguridad para hacer entrega del rescate.

«La mayoría son ex comandos militares británicos o australianos. Muchos son también sudafricanos», asegura Middleton.

Patrullar un área tan grande como el golfo de Adén no es una tarea sencilla para las autoridades.

Poco se sabe de cómo se desarrollan exactamente las transacciones, pero estas operaciones pueden llegar a costar hasta US$1 millón (sin incluir el rescate) y según Middleton, muchas de estas negociaciones a puertas cerradas para resolver asuntos legales y demás detalles tienen lugar en Londres, uno de los centros mundiales más importantes de la industria marítima.

En una entrevista con la BBC, Ahmedou Ould Abdalá, representante de la ONU en Somalia, señaló además que los piratas son en realidad víctimas de la situación, personas sin futuro y sin empleo que, ante la falta de oportunidades, trabajan para las mafias instaladas en Somalia, pero también «en África del Este y en Medio Oriente».

Limbo legal

Pero por más lucrativo que sea el negocio, no podría llevarse a cabo con éxito si no fuera porque aún existe un limbo legal que les permite operar con cierta comodidad. Actualmente no existe un sistema legal internacional que sancione a las personas acusadas de este delito.

Todas las acciones que se toman en contra de los piratas deben estar en concordancia con la ley internacional, señala el analista de la BBC Paul Reynolds. Eso significa que deben cumplir con las condiciones de la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar.

El artículo 105 de esta convención dice que está permitido asaltar un barco pirata. Sin embargo, más abajo, el artículo 110 aclara que, para determinar si un barco es o no pirata, el buque de guerra -y sólo puede hacerlo si es en efecto, un buque de guerra- debe enviar un bote a la presunta nave pirata para pedirle al capitán su documentación.

La opción, en este contexto, obviamente, no parece la más viable.

Por otra parte, en la mayoría de los casos, cuando se los captura, los piratas son llevados a la vecina Kenia, cuyo sistema legal no está diseñado para resolver el problema.

Muchos analistas coinciden en que la única manera de acabar de una vez y para siempre con la piratería es atacarla en la tierra y no sólo en el mar. Sin embargo cualquier operación militar en Somalia debería discutirse en un foro internacional reconocido y por el momento, ésta es un opción que nadie parece querer considerar seriamente.

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