ENTRE LINEAS. Gustavo Gutiérrez y su Teología de la Liberación
Gutiérrez, uno de los pensadores más importantes del Siglo

ENTRE LINEAS. Gustavo Gutiérrez y su Teología de la Liberación

Compartir
Gutiérrez, uno de los pensadores más importantes del Siglo
Gutiérrez, uno de los pensadores más importantes del Siglo/Foto: La República

Por Javier Contreras Martínez

Este año recordamos el 45 aniversario de la Conferencia Episcopal Latinoamericana celebrada en Medellín, asamblea de la que surgió la Teología de la Liberación, y en ella la figura de su ideólogo -el Padre Gustavo Gutiérrez- recobra importancia dentro de los mayores pensadores contemporáneos  y como uno de los más importantes – sino el más- reformista del catolicismo.

Pero, ¿Quién es en realidad el padre Gustavo? toda una personalidad: ideólogo cuyas propuestas lo han acercado a la izquierda, filósofo de brillante reflexión y alto pragmatismo, prolijo escritor de varias obras donde explica con asombrosa sencillez los fundamentos dogmáticos en los que se sostiene su teología, y además – para quienes tenemos la bendición de conocerlo- un sacerdote cercano, atento, sabio consejero y director espiritual.

La Teología de la Liberación es la actualización del mensaje evangélico desde una perspectiva puramente latinoamericana, motivada por el Concilio Vaticano II, el P. Gutiérrez es uno de los pocos que ha logrado poner en práctica en su vasta totalidad el programa evangélico que supone las conclusiones del Concilio.

Y es que el aporte de esta liberación supera el hecho de celebrar misa en el idioma propio de cada país; trasciende y explora temas de coyuntura mundial y los relee a la luz del Evangelio: los inmigrantes, la equidad de género, el capitalismo, los malos efectos de la globalización, las nuevas formas de esclavitud, el abuso… y sobre todo, los pobres, son el tema fundamental que ocupa toda la preocupación pastoral de esta corriente, inspirada en la carta de Santiago «Muéstrame tu fe sin obras, que yo con mis obras te demuestro mi fe», Gutiérrez plantea todo un proyecto de vida cristiana sostenida en la caridad, a la que él llama Doctrina Social de la Iglesia.

Dos son las obras que resumen lo planteado por Gutiérrez, Teología de la liberación. Perspectivas (Lima, 1971) y  La fuerza histórica de los pobres (Lima, 1979), manifiestos de fe y profunda preocupación social, en los que expone de manera rotunda su pensamiento asociado al marximo: «La pobreza no es una fatalidad, es una condición; no es un infortunio, es una injusticia. Es resultado de estructuras sociales y de categorías mentales y culturales, está ligada al modo como se ha construido la sociedad, en sus diversas manifestaciones», sostiene con firmeza.

Es precisamente su cercanía al marxismo, método eminentemente ateo,  lo que le ha granjeado (a él y a su teología), grandes detractores dentro de la misma Iglesia, sin embargo, lo que en realidad ha hecho Gutiérrez, es hacer un análisis social en función del conocimiento de la situación y orientar este análisis para asuntos estrictamente teológicos; años después, en 1998 Gutiérrez reescribirá Teología de la liberación. Perspectivas sin todo el lenguaje marxista del que estaba compuesto su primera edición, buscando que se entienda el objetivo de su preocupación (y la de Cristo): los más pobres, los menos favorecidos.

En este tiempo, y pese a los esfuerzos de algunas comunidades (católicas) por quitar a Gutiérrez y a su corriente reformista de la faz de la Iglesia (y de la tierra), es innegable el arraigo que ella tiene, sobre todo, en los países de América Latina, esfuerzos pastorales como la Catequesis Familiar, la red de colegios Fe y Alegría, el estilo universitario de tolerancia, inclusión,  (que en el Perú tiene a la Universidad Jesuita Antonio Ruiz de Montoya como abanderada) son algunos palpables ejemplos de la trascendencia de esta teoría teológica, que hoy tiene en el sacerdote brasileño Leonardo Boff y en el arzobispo centroamericano Rodríguez Madariaga a sus principales continuadores.

Hablar de la vida de un pensador, sin hablar de su pensamiento, es casi imposible, de este modo referirnos al sacerdote Gustavo Gutiérrez sin su  Teología de la liberación, resulta una utopía que en esta columna no pretendo superar, y más ahora, tiempo en el que la Iglesia Católica se encuentra en una clara inflexión sobre su ruta pastoral, por el arribo del cardenal argentino Jorge Bergoglio al Papado, y que seguramente – espero- terminará en la puesta en marcha del plan pastoral trazado por Gutiérrez.

Al recordar los 45 años de este grito reformista enarbolado por un sacerdote peruano, su doctrina es vigente y urge ponerla en práctica en aras de cumplir el rol que tiene la Iglesia Católica en el mundo: llevar a Cristo a toda la creación, modificando y preocupándose no solo por la salvación ultraterrena sino que dignificando la estancia terrenal, y luchando – junto a estos, los pobres- por un mundo más justo, esa tarea la emprendió el P. Gutiérrez hace 45 años y es la  que hoy, toda la Iglesia y todo el mundo, debería emprender.

El mundo necesita buenos samaritanos, que al encontrarse camino a la montaña con un desconocido golpeado y casi muerto, lo suba a su caballo, le vende las heridas y lo cuide hasta que sane, esta es la teología de la caridad (o de la liberación), en suma, es la teología de Jesús, que el P. Gustavo nos enseñó.

 

 

Sobre el autor

2 comentarios

  1. Jefrey Cuya

    Gutiérrez señala que «la lucha de clases es un hecho y la neutralidad en este punto es definitivamente imposible». A partir de aquí también se hace imposible la intervención del Magisterio eclesial: en el caso en que éste se opusiera a tal interpretación del cristianismo, sólo demostraría que está al lado de los ricos y dominantes y en contra de los pobres y de los que sufren, es decir, contra Jesús mismo, y se ubicaría dentro de la dialéctica de la historia en el lado negativo.

    Por otro lado, el «amor» consiste en la «opción por los pobres», es decir, coincide con la opción por la lucha de clases. Frente al «falso universalismo», los teólogos de la liberación subrayan con fuerza la parcialidad de la opción cristiana: tomar partido es, según ellos, condición fundamental para una correcta hermenéutica de los testimonios bíblicos. Algo que esta alejado de la Tradición comunitaria o interpretada por los padres de la Iglesia en la Ortodoxia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *