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Sirva la presente para hacer el descarte necesario: No todo personaje sentado frente a un micrófono es necesariamente un periodista. Aclarado esto, podemos señalar que cualquier persona que funge de periodista o interpreta el papel de presentador o entrevistador en un medio de comunicación debe guardar ciertas normas de comportamiento que le permitan no solo defender su posición, sino también garantizar la defensa de su libertad de expresión y por ende la de las demás personas que ejercen esta profesión llamada periodismo.

El desbande reciente (y repetido) de Christian Hudtwalcker, abogado devenido a los quehaceres periodísticos no sabemos por favor de quien, insultando y denostando al congresista de Perú Libre, Alex Flores Ramírez con calificativos hirientes y con un tono altanero y un comportamiento fuera de sí no es una muestra de la defendida libertad de expresión, sino un ataque desmedido de alguien que no conoce las medidas de un periodista para ejercer su labor y que desconoce las reglas de respeto para llevar una entrevista y obtener información adecuada para su audiencia.

En un pronunciamiento reciente, la Asociación Nacional de Periodistas (ANP) ha señalado que:

Es reprobable que una tribuna informativa sea utilizada para la ofensa a personas que tienen posturas diferentes a las propias. La libertad de expresión sostiene el debate, la controversia, la disputa, pero no blinda el trato peyorativo ni el insulto

Y en esto, la ANP no falta a la razón. Desde esta tribuna hemos defendido en reiteradas oportunidades los ataques a la libertad de expresión de periodistas o personas que ejercen la labor del periodismo afines a nuestras ideas o lejanas a ellas. Levantamos nuestra voz de protesta cuando atacaron a Paola Ugaz, a Christopher Acosta, a José Alejandro Godoy, a Álvarez Rodrich, a Aldo Mariátegui, a Rosa María Palacios y a otros tantos más.

Pero lo que no vamos a defender ni vamos a hacer un falso espíritu de cuerpo es sobre las conductas de personajes que -insistimos no sabemos con el favor de quien- pretenden hacer periodismo amparados en una matonería indescriptible, faltando el respeto de quienes no piensan como ellos y apelando al insulto como el recurso fácil para hacerse los «que no se casan con nadie».

Para ser periodista, ya lo decía Gabriel García Márquez «hace falta una base cultural importante, mucha práctica, y también mucha ética», por ello, consideramos indispensable que esa ética, entendida como los valores que acompañan la labor periodística, debe tener por encima de todo el respeto a la audiencia. Habrá quienes consideren a personajes como Hudtwalcker unos héroes por «decirle sus verdades» a los políticos, pero hay mejores formas de hacerlo, contrastando las informaciones, cuestionando a los personajes por sus opiniones contradictorias, por sus acciones, pero no catalogarlos, ni etiquetarlos con insultos que poco o nada hacen para evitar la incitación al odio, la discriminación y una potente carga en pro del clasismo y el racismo imperante en la actualidad.

No podemos llamar a los dueños de los medios donde pululan estos personajes a hacer las correcciones necesarias, porque saben que lo suyo vende, que esas acciones generan rating y publicidad gratuita a su marca. Pero sí creemos que la audiencia puede -como en otras ocasiones- castigar la patanería con el silencio y con el cambio de estación. Solo así pueden golpear en los bolsillos a quienes creen que el periodismo es un arma para arrasar con todo sin tener sanción alguna.

Para nosotros, como periodistas, este tipo de acciones deshonran la profesión y constituyen una falta de respeto a los principios éticos del periodismo.

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