
Por: Carlos E. Flores
Desde que Ecuador retornó a la democracia, en 1979, nunca un candidato ganó en primera vuelta ni mucho menos con un triunfo arrasador a nivel nacional. Las recientes elecciones nos muestran algunos datos históricos. Veamos.
Entre candidatos a la Presidencia, Correa obtuvo un 57% frente al 22% de su opositor más cercano (Guillermo Lasso, ex banquero), abriendo una distancia de 35% entre ambos. Ni que decir de la distancia entre Correa y el resto de opositores quienes obtuvieron entre el 6% y el 1% del total de votos.
Ahora, si miramos el mapa electoral, notamos que de 24 provincias del país, 23 apostaron por Rafael Correa; de 221 cantones (municipios) en 198 vence la Revolución Ciudadana y en las circunscripciones de migrantes donde los/as ecuatorianos/as en el exterior deben elegir a sus representantes, el gobierno re-electo ganó en todas (EE.UU y Canadá; Europa, Asia y Oceanía; y en África y América Latina). Y para coronar este hecho histórico: de 137 asambleístas, probablemente tendrá el partido de gobierno entre 95 y 100 representantes en la Asamblea Nacional (Congreso). Es decir, mayoría absoluta para legislar cómodamente.
Con respecto a esta mayoría legislativa, me pregunté si en más de 30 años de vida democrática ecuatoriana se presentó alguna vez algo similar. A través de La Radio de la Asamblea Nacional de Ecuador tuve la oportunidad de escuchar el programa «Anécdotas Legislativas» que relató un hecho parecido.
En 1988, León Febres dejaba el poder al electo Presidente Rodrigo Borja, de Izquierda Democrática. Este partido ganó las elecciones en alianza con la Democracia Popular, logrando así 37 legisladores de un total de 72 escaños.
Esa frágil mayoría se mantuvo por dos años, no obstante, sigue siendo sui generis el triunfo del correísmo en este sétima conquista electoral, en seis años de gestión. Cabe señalar que como sucede en otros países, en el legislativo ecuatoriano sí se han logrado mayorías pero fruto de alianzas partidarias en el transcurso de la gestión parlamentaria. En esta oportunidad, el voto popular le entregó a Rafael Correa entre 95 y 100 asambleístas de 137 dándole tranquilidad al partido gobernante para poder legislar y nula capacidad de agenda propia a la oposición, considerando que se aprueban las normas con la mitad más uno de asambleístas.

¿Cómo se logró este resultado? hay dos reflexiones que se abren en el camino. El primero, la sostenida publicidad estatal del gobierno antes de las elecciones, aunque, la Misión de Observadores la OEA recomendó: «reducir los riesgos asociados al uso de recursos públicos con propósitos electorales» en esta campaña que terminó.
La otra arista son las acertadas políticas públicas que impulsa el gobierno, reconocidas por amplios sectores sociales. Por otra parte no es la primera vez en América Latina que se tienen mayorías legislativas amplias.
Aunque con un escenario denso y el retiro de las elecciones de varias organizaciones políticas en Venezuela, la Asamblea Legislativa logró tener amplía mayoría chavista en el período 2005 – 2010. Otro hecho, en las elecciones de 1995, luego del llamado Congreso Constituyente en Perú, el partido de Alberto Fujimori logró tener mayoría parlamentaria; aunque no sucedió lo mismo en el 2000.
Previo a las elecciones de Ecuador, en un conversatorio realizado por Casa América, en España, el profesor titular de la Universidad de Valencia, se preguntaba sobre la mayoría absoluta legislativa:
«Evidentemente después de estas elecciones va a salir un Rafael Correa mucho más poderoso, con un poder más concentrado. ¿Esto es bueno o es malo? Puede ser muy bueno porque permite que las políticas públicas se hagan, es decir, que el Presidente podrá hacer todo lo que considere de beneficio para el país».
Y más adelante se pregunta
«¿cómo es posible que con este poder acumulado, no se caiga en la tentación de un potencial autoritarismo teniendo tanto poder? Hay que tener mucho autocontrol para evitar caer en excesos».
Finalmente, el gobierno tendrá más argumentos para deslegitimar las resistencias y propuestas de varias organizaciones sociales que en los últimos años se han mostrado contrarias a la explotación minera y a la ampliación de la frontera petrolera en Ecuador planteando la defensa de los «derechos de la naturaleza», concepto plasmado en la Constitución de Montecristi del 2008. Esta constitución, ya lo anunció el presidente re-electo Rafael Correa, será reformada por ser «hipergarantista».
La recién electa asamblea, con la mayoría absoluta de Alianza País (partido de gobierno), entrará en funciones en mayo de este año.
