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Carnavales en Accormarca, una fiesta de integración.
Carnavales en Accormarca, una fiesta de integración / Foto: Pecy Rojas (EPAF)

Por Gisela Ortiz y Percy Rojas (Equipo Peruano de Antropología Forense)

El 14 de agosto de 1985 la comunidad de Accomarca vivió uno de los hechos más dolorosos de su historia, 69 campesinos: ancianos, mujeres, jóvenes y niños fueron asesinados por una patrulla del Ejército Peruano, al mando del entonces Teniente Telmo Hurtado. 24 años después, este hecho trágico sigue presente en la memoria de sus comuneros pero también de quienes se desplazaron hacia Lima tratando de sobrevivir del fuego cruzado desatado por Sendero Luminoso (SL) y reprimido, con la misma violencia, por el Estado.

Llegamos a Accomarca el viernes 14 de marzo para reunirnos con la asociación de familiares víctimas del conflicto armado. Ahí conocimos a Don Julio Ochoa, presidente de la comunidad de Accomarca. Él se encontraba ajetreado, pues tenía que reunir y enviar desde el pueblo diversos materiales que se usarían en la presentación de la comparsa accomarquina en la competencia de carnaval ayacuchano de la provincia de Vilcashuaman denominado “Quena de Oro” en su XXV edición a realizarse el domingo 17 de marzo en la Plaza de Acho. Mientras conversábamos don Julio se pone de pie y nos dice: “[…]me van a disculpar pero tengo que enviar esta encomienda a Lima, ya va a llegar el bus de Trasandino.” Nos muestra un saco negro que contenía flores, plantas de maíz entre otras vegetaciones propias de la zona.

Los carnavales son una fiesta de integración: adultos y niños, varones y mujeres participan con entusiasmo; los accomarquinos, desde su tierra, enviando los materiales para la presentación y en Lima, los accomarquinos se han preparado durante meses, ensayando, convocando a los adultos, jóvenes y niños para formar parte de la comparsa. Este año representarían la matanza ocurrida en Llocllapampa, conocida como el caso Accomarca.

Accomarca recuerda a las víctimas de la violencia en los 80'
Accomarca recuerda a las víctimas de la violencia en los 80′ / Foto: Percy Rojas (EPAF)

La plaza de Acho luce colorida, cientos de ayacuchanos de los distritos de Vilcashuamán se han congregado para concursar y elegir al distrito que representará a su provincia en el Carnaval de toda la región llamado “Los Vencedores de Ayacucho”. Uno a uno los distritos se presentan: Concepción con una comparsa entusiasta y numerosa, Sahurama, Vischongo, Huambalpa, Accomarca y Vilcashuamán; niños con sus trajes típicos bailan con alegría y haciendo sentir que hay esperanza de que estas tradiciones no se pierdan.

Es el turno de Accomarca, con emoción se despliegan en el ruedo. La escenografía se compone de una casa hecha de carrizos con papel, se representa una pequeña chacra con maíces tiernos que los comuneros van sembrando, una pequeña pastora recorre el ruedo con sus tres ovejas representadas por niños, algunas mujeres preparan los alimentos para la fiesta; el baile es ordenado y se realizan una serie de representaciones de la vida cotidiana en Accomarca cuando, de pronto, esta armonía es interrumpida por una ráfaga de metralletas. Entran los militares ordenando detener a todos los terrucos y llevarlos hacia la escuela donde son asesinados, quienes se oponen son asesinados en el camino. El nombre de Telmo Hurtado, el teniente que estuvo a cargo de esa incursión y que está en juicio por este crimen, se dice en voz alta como el responsable de dar las órdenes.

En medio de la alegría de los carnavales, se representa un hecho trágico que marcó la memoria colectiva de sus comuneros, un tiempo en que reina el desorden, el caos, la gente abandona sus quehaceres por salvar sus vidas. ¡Justicia para Accomarca! Dice la cantante del grupo que acompaña la comparsa de Accomarca; y es el grito de JUSTICIA que levanta, uno a uno, a los caídos y siguen bailando. Vuelve el orden, la música, las coreografías, vuelve el canto: se vuelve a la vida. Así es el hombre andino, se levanta ante la adversidad, ante el dolor, y ríen, cantan, bailan para que las penas no los ahoguen.

 

El padre de Daniel Palacios Quispe fue asesinado hace 29 años. Sigue buscando justicia.
El padre de Daniel Palacios Quispe fue asesinado hace 29 años. Sigue buscando justicia / Foto: Percy Rojas (EPAF)

Accomarca nunca se rindió ante la muerte, supo levantarse como los integrantes de la comparsa, continuaron trabajando la chacra, celebrando sus fiestas, cantando, bailando. Quienes llegaron a Lima también lo hicieron, trajeron consigo el recuerdo de la muerte de sus seres queridos, su pueblo abandonado, herido pero también trajeron esperanzas: se organizaron, se representaron para exigir Justicia, logrando extraditar al principal responsable de ese crimen desde EEUU.

Al finalizar la presentación conversamos con el señor Demecio Merino Acuña, de 78 años natural de Apurímac. Le preguntamos sobre su opinión acerca de la danza representada por el distrito de Accomarca y su respuesta nos sorprendió: “[…] la última danza me tocó en lo profundo, pues a mi comunidad también entraron los terroristas. Una noche ingresaron, reunieron a toda la población en la municipalidad de Toraya, provincia de Aymaraes, y fueron asesinados. Yo me encontraba en mi casa pero no ingresaron. Mis vecinos también fueron asesinados. En esa matanza perdí un hermano y algunos primos. […] La verdad es la primera vez que vengo a los carnavales y no esperaba ver esta masacre, me hizo acordar y me puse a llorar.”

Otra señora, Zulema Merino, nos dice: “me hubiera gustado traer a mis hijos para que vean estas cosas y saber que fue el terrorismo, mis hijos no saben, piensan que el terrorismo fue como un juego y no saben que estas cosas fueron reales, ha pasado y que puede volver a pasar.”

Podemos notar que esta representación activó las memorias de aquellas personas que fueron víctimas del conflicto, ya sea directa o indirectamente, muchos comentan, relacionan lo que ven con lo que han vivido, con lo que ha ocurrido en sus pueblos. Y es que es importante recordar.

Los carnavales son una ocasión para que las comunidades representen sus vivencias, sus costumbres, los danzantes, músicos y cantantes dan todo de sí por representar bien a su comunidad, lo hacen con orgullo; ésta vez también nos dieron una lección de convivencia con sus muertos, nuestros muertos que no se van, nunca se van mientras dura la injusticia. Accomarca decidió representar el triunfo de la vida sobre la muerte, de la memoria sobre el olvido y así, en la Plaza de Acho, hizo que nos sintamos parte de su historia, de esas memorias que continúan vivas, de esas historias que no se silencian.

Quizás cada uno de los accomarquinos que baila sea familiar de alguna víctima: hijos, nietos, sobrinos. Quizás ninguna de las víctimas pensó antes de morir, hasta dónde llegarían sus memorias, quienes las conocerían, ni en quienes se encargarían de transmitirlas.

Y Accomarca ganó.

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