“Trece votos no le devolverán la dignidad a Chehade” (Marisol Pérez Tello, La noche es mía, 17/01/2012)
“Estoy con la conciencia tranquila, por esta Constitución, por Dios, que no he cometido delito, tengo las manos limpias», sentenció severamente Omar Chehade en el Pleno del Congreso tras su suspensión por 120 días. La «militancia» de Gana Perú recibió la desfachatez en silencio. En público, nadie celebró la postura y, menos aún, la criticó.
Sin embargo, todos saben que el abogado del presidente Ollanta Humala divide en el partido. La aprobación de la bancada de Gana Perú por sancionar por tres meses a Chehade no significó una sanción, sino más bien una medida premeditada ante la inminente acusación constitucional que podría haberlo llevado al desafuero.
Los círculos de confianza son los que han tenido mayor influencia en el Partido Nacionalista que fue la base de Ollanta Humala para llegar al poder. Fue así que en la conformación de la lista para el Congreso, Chehade logró una posición importante.
Esto muy aparte de su veloz paso de procurador adjunto anticorrupción a acompañante de la plancha presidencial y miembro de la comisión anticorrupción de Gana Perú.
Y es que Chehade supo moverse mediáticamente en los tramos finales del proceso de extradición de Alberto Fujimori. Aunque sus méritos fueron tirados al tacho por el ex procurador Antonio Maldonado, quien señaló en un artículo a los verdaderos artífices de dicha acción provechosa para el país: el equipo de la Procuraduría Ad Hoc para los casos Fujimori Montesinos de los años 2005 y 2006, la Comisión de Extradiciones del Ministerio de Relaciones Exteriores y el abogado chileno Alfredo Etcheverry.
“Se han alzado voces oportunistas que se auto atribuyen la extradición de Fujimori. Nada más falso. La extradición de Fujimori fue definida por las abundantes y sólidas pruebas que integraban los trece Cuadernos de Extradición», señalaba Maldonado en dicho artículo.
Anteriormente, Chehade realizó la defensa de personajes procesados en el sistema anticorrupción, como Genaro Delgado Parker. Al igual que su socio Iván Torres La Torre con quien compartía un estudio jurídico. Ambos en algún momento formaron parte del equipo de la Procuraduría Anticorrupción. Claro, que este tema pasaba por el lado ético. Pero ya desde campaña se decía que el actuar de Chehade dependería que el discurso anticorrupción de Ollanta Humala pueda ser creíble.
Seis meses después, esto quedó reflejado en la sesión de la Comisión Permanente donde los nacionalistas defendieron a capa y espada a Chehade intentando desbaratar el informe de la congresista Marisol Pérez Tello. En el documento de la Sub Comisión de Acusaciones Constitucionales el abogado de la familia Humala solo era acusado por patrocinio ilegal con apenas le merecía una sanción de dos años de cárcel.
Más allá de que sea criticable la posición de Yehude Simon al dar el voto que mandó al archivo el informe de Pérez Tello, lo bochornoso de aquella noche fue una bancada fujimorista tomando la bandera de la lucha anticorrupción. Incluso Pedro Spadaro se animó a decirle al Presidente que «limpie su casa» y que el fujimorismo «podía ayudarlo en esa tarea».
Más curioso fue ver a una Cecilia Chacón votar a favor de una acusación constitucional cuando ella misma no se presenta al Poder Judicial amparada en su inmunidad parlamentaria. La misma inmunidad que podría ahora usar Chehade para no presentarse a la Fiscalía. A menos que José Antonio Peláez tenga la suficiente voluntad política para pedir el levantamiento de su inmunidad que sirvió no solo a Chacón, sino también a Carlos Raffo para no presentarse ante la justicia.
Javier Diez Canseco y Rosa Mavila no se presentaron a la votación y han recibido todo tipo de críticas por ello. Pese a la justificación de uno y el silencio de la otra, fuentes indican que su ausencia se debería, primero, a su oposición al blindaje a Chehade; y segundo, las conversaciones junto a otros seis integrantes de la alianza Gana Perú para dejar la bancada humalista.
El descontento por el blindaje, la corroboración de que la «Gran Transformación» no será posible, y la desubicación ideológica del mismo Humala, han producido no solo un agudo conflicto social sino la ruptura del «carrito rojo» usado por el «nacionalista» para llegar a Palacio de Gobierno. Incluso ya se habla de una recomposición de las izquierdas, pero mientras siga, como en el partido nacionalista, pesando más los círculos de confianza ajenos al proyecto, estaremos hablando de un fracaso más. Porque llamar Derecha Bruta y Achorada y crear hashtags en las redes no los llevará a ganar las próximas elecciones. Como decía Carlos León Moya en un artículo escrito para la revista Domingo: «la izquierda en el Perú es más un sentimiento que una opción política. Como el Deportivo Municipal, tiene hinchas pero carece de equipo y estadio, y vive del recuerdo de sus épocas doradas».

