Por: Francisco Pérez García
Antes de empezar este post, quiero dejar en claro que ningun acto de amedrentamiento o violencia es permitido o aceptado en este Spacio, venga de donde venga y sea quien sea el agraviado.
Dicho esto, quiero comentar algo que para muchos ya es notorio (aunque para otros no tanto), y es el malestar que existe, por un lado, de un grupo de peruanos que siente que la prensa no está cumpliendo un papel adecuado en esta campaña electoral y del otro el de los periodistas que se sienten aludidos y agredidos por ese malestar.
La actuación de la prensa en la campaña electoral, empezó a verse descompuesta en la última parte de las elecciones municipales del 2010 (esto, sin contar la manera en que algunos medios se han comportado durante el gobierno de García, siendo integrantes de una comparsa alegre y sumisa).
En ese proceso electoral, al subir la actual alcaldesa en las preferencias de la población, un grupo de medios empezó una campaña que buscaba minar la imagen de la lideresa de Fuerza Social y darle pie a la presencia de Lourdes Flores. La actuación de esa prensa y los errores de la misma Villarán produjeron una final reñida que se desenredó más de un mes después entre declaraciones altisonantes, lentitud de conteo y acusaciones de fraude.
Lo que hizo ese grupo de medios fue resucitar los miedos de la población, relacionando a Villarán con la izquierda radical, el terrorismo, la improvisación y el desorden. Sentimientos que los peruanos promedios tememos tanto como si se tratara de un ataque a nuestra propia vida.
El resultado lo conocemos. Se demandó tantas veces un trato decoroso y con la verdad, que… nunca hicieron caso. Villarán fue rescatada de alguna forma por Bayly (quien cumplía un nuevo rol con una nueva máscara política, pateando a su entrañable amiga Lourdes Flores) y llegó a la alcaldía, con la mínima diferencia.
Lo que vino después, ni nosotros mismos lo pensamos. Las últimas encuestas de la primera vuelta, daban como líder a Ollanta Humala, quien hasta hace poco bailaba entre el cuarto y quinto lugar. Apenas subió el mismo grupo de medios (El Comercio (y sus variantes), Correo, Expreso, La Razón) y algunos periodistas empezaron a enfilar sus baterías contra Humala y de alguna manera, suavizaron la imagen de Keiko Fujimori (quien sólo tiene en contra a La Primera y La República, por hablar de medios masivos).
De inmediato resucitaron los temas de Madre Mía, su relación con Chávez, sus fondos partidarios, el Andahuaylazo entre otras perlas, al tiempo que las actividades anti Keiko, simplemente eran minimizadas y desaparecidas.
Cada actitud de Keiko merecía portadas, cada actitud de Humala era negada y se rescataba día a dia, los aspectos más flacos y polémicos de su plan de gobierno, incluso aquellos que no aparecían en el plan. La gente en las calles y en los mítines de Humala estaba molesta, aún lo está.
Pero ¿cómo no estarlo sin siquiera ser partidario de Humala, cuándo vemos que el cambio es rochoso? ¿Cómo no indignarse, cuando un canal como el N, que fue baluarte de la lucha contra la dictadura, simplemente se deshace de sus productores porque «humanizaban a Humala»? ¿Cómo no molestarse cuando antes, Canal N se pasaba de hora en sus noticieros para pasar largos debates del congreso u otras noticias y de pronto, prefiere cortar una transmisión en vivo de un candidato para hablar de «Las reinas del Pop»?
¿Cómo no indignarse si una protesta contra un periodista se convierte en «una agresión y atentado contra su vida»? ¿Cómo no indignarse si hace algunos años, estudiantes que fueron a una reunión política fueron sindicados como terroristas sin ninguna prueba? ¿Cómo no indignarse cuando Jaime de Althaus y Rosa María Palacios (con sus virtudes y defectos) se obsesiona por dejar mal a los humalistas e insistir con todos los voceros en desestimar el plan de gobierno y
tratarlos como si fueran unos débiles mentales o unos grandes pendencieros, además de burlarse de ellos con aíres de superioridad en todo momento, mientras que los fujimoristas pasan piola?
¿Cómo no indignarse cuando los medios simplemente obvian que Milagros Maraví, Jorge Trelles, Marino Costa Bauer, Rafael Rey y otros fujimoristas fueron operadores y responsables políticos de los peores años de la dictadura de Alberto Fujimori? ¿Cómo no indignarse cuando una colega desestima una tremenda movilización para decir que sólo son 300 o 400 personas que participan? ¿Cómo no indignarse cuando todos los medios sacan que un plan de gobierno pretende atentar contra los fondos de las AFP y al revisarlo no dice nada de eso y no se les mueve una arruga cuando en el plan del otro candidato no hay ni una garantía mínima de respeto a los derechos humanos?
¿Cómo no indignarse cuando en un medio recuerdan las violaciones a los derechos humanos cometidos por Humala, y en otro canal pasan a Keiko disfrutando de un día de la madre? ¿Cómo no indignarse cuando los medios señalan que «Keiko no es como su padre y marca distancia», cuando días antes catalogó a la dictadura como «el mejor gobierno del
país»?
¿Cómo no indignarnos cuando una protesta regional que tiene meses, recién es vista por los medios cuando hay violencia, muertos y enfrentamientos y encima insisten en decir que es una movilización política, sin tener en cuenta la desazón de la población?
En fin, se podría seguir haciendo una serie de preguntas que de seguro en algún momento los colegas se responderán. Lamentablemente, el micro nos da cierto criterio de creer que tenemos un poder invulnerable.
Ayer fui testigo de como Katia Cruz, la reportera de Canal N que habló de los «300 a 400 manifestantes», trató de defenderse sobre su declaración, obviamente no pudo hacerlo porque ante la actitud beligerante de la persona que le reclamaba ella se puso de igual a igual.
Pregunto: ¿No sería más facil justificar nuestros actos con otros actos? ¿Qué ganamos poniéndonos al nivel de quienes nos reclaman? ¿Convertirnos en mártires de la libertad de prensa? ¿Hacer presión para que nos agredan?
Preguntas que quedan en la conciencia de cada uno, lo cierto es que el día que los periodistas hagamos nuestro trabajo, de informar a la gente (no desinformar) diciendo la verdad, ese día podremos dejar de hacernos las víctimas y hacernos los ofendidos cuando griten «prensa amarilla, vergüenza nacional»
Cuando dicen «Señores periodistas, digan la verdad» ¿te sientes aludido? cuando en plena marcha gritan «prensa vendida, prensa basura» ¿sientes que te lo dicen a tí? Si lo sientes, piensa, reflexiona y evalúa si lo que estás haciendo está bien, si es que ese periodista que eres ahora era el que querías ser y el que quieres seguir siendo.