
Por: Francisco E. Iriarte Brenner *
La larga etapa lítica antigua (a la que podemos llamar arcaica), que se sitúa del 20,000 al 7,000 a.C., aproximadamente, se desarrolló en especiales condiciones ambientales que posibilitaron el mantenimiento de varias comunidades, cuya subsistencia se basaba en la caza, la pesca y la recolección, con rústicas habitaciones transitorias en campamentos al aire libre o en el interior de cavernas, pero siempre en las cercanías de surgentes de agua o de ríos, cascadas, lagunas y/o arroyuelos, con instrumentos relativamente toscos, de madera, piedra y hueso. Los más antiguos implementos líticos que conocemos fueron hechos a fuerza de percusión, objetos elementales primero, grandes artefactos tallados por martillado directo o con incipiente talla bifacial: raspadores, raederas, hachas de mano, perforadores, de tipología reducida, sin retoques y con un mínimo de especialización. Lo cierto es que no sabemos bien cuáles y cómo fueron las primeras herramientas que empleó el hombre para lograr adquirir los bienes fundamentales para su supervivencia, probablemente ello ocurrió a base de ramas de árboles, piedras rústicas de naturales formas adecuadas a los fines requeridos, huesos de animales, etc. Las cosas de material perecible (madera, cuero, hueso, etc.) han desaparecido con el tiempo y lo único que ha permanecido son algunos de los toscos implementos de piedra que utilizó, y ello cuando se les colocó, en la antigüedad, en forma casual, en condiciones favorables del terreno donde se fabricaron o se usaron.
Al comienzo, evidentemente, debieron ser las naturales formas líticas, según parece indicarlo las llamadas herramientas-guijarro (pebble-tools), halladas tanto en América como en el Viejo Mundo, las que posibilitaron su uso para golpear, hender, cortar, perforar; en una segunda etapa, si la piedra no tenía naturalmente las características deseadas, se trató de lograrlas mediante percusión, con golpes exprofesamente aplicados, destinados a darles esa forma intencionalmente, utilizándose sobre todo la parte nuclear de los cantos rodados, para luego, y finalmente, emplearse las lascas, las esquirlas, que se producían por la percusión sobre ese nódulo, las que fueron retocadas muchas veces a presión con instrumentos de madera o hueso. Una punta de lanza o de flecha, labrada en piedra, de otro lado, no solo era un elemento fundamental para la actividad cinegética, podía convertirse también en un objeto de formas estéticamente válidas, agradables, cuando era realizado con una técnica depurada, con conocimiento claro de las cualidades de la piedra utilizada, de su color y de la forma necesaria para cumplir el papel para el que se la había destinado: esto es, fundamentalmente perforar la piel del animal cazado, para alimentar al cazador y a su grupo familiar, o también para eliminar enemigos. Época ésta en que también se comenzaron a producir y usar instrumental del vidrio volcánico al que se denomina obsidiana, de agudo filo y relativamente facilidad de labrar.
Se ha buscado también por el fabricante de estos objetos líticos -como puede deducirse a simple vista-, una evidente perfección en la forma, que va más allá de lo simplemente utilitario, hasta convertirse en un ejemplo de lo que puede lograrse en su presentación ante nuestros ojos, con la labor realizada por la mano del hombre, al transformar el duro y quebradizo material natural en un útil, no solamente para cazar y matar, sino para hacerlo un objeto agradable a la vista, retocado en los bordes y superficies, de común cuidadosamente, de modo tal, que el fabricante muchas veces guardarlo para sí, como sucedió con ciertas puntas de obsidiana, cristal de roca, piedras coloreadas naturales o de sílex, procedentes de la costa norte o de la meseta del Collao, tan bonitas diríamos, que no se usaron nunca, probablemente por reflejar armoniosamente las iridiscencias de la luz descompuesta por sus caras o facetas, que se conservó en ajuares funerarios o como ofrenda para las fuerzas superiores, sin llegar a emplearse aparentemente para el fin utilitario para el que inicialmente se labraron. Cosa que también se ha podido detectar en los objetos trabajados por el hombre en el Neolítico europeo, encontrándose hachas de mano (coup de point) que presentan su forma terminada, pero que seguramente por los efectos lumínicos coloreados del material empleado, que se convierte casualmente en un prisma que refleja la luz natural, lo que produjo reacciones de orden mágico en sus fabricantes, con la consecuencia de no usarse los objetos conseguidos para otra cosa, que para contemplarlos, pues muchos de ellos no muestran huellas de su empleo en asuntos domésticos.
Entre los objetos que inventa tempranamente el hombre, están las esteras y los cestos, producto del entrecruzamiento de fibras vegetales, probablemente consecuencia de observar la labor de las aves cuando éstas construyen sus nidos, o lo que ocurre con el viento y las aguas cuando entretejen las lianas y raíces de plantas, a los bordes de los pantanos o riachuelos donde quedan atrapados peces y crustáceos. Así, desde muy antiguo, las frágiles y dúctiles cañas, totoras y juncos, proporcionarán los elementos necesarios para confeccionar esteras, canastas, bandejas, espuertas y otros objetos, útiles para el transporte de piedras, barro, frutos, raíces, ramas, etc., recipientes que posibilitarán luego la construcción de plataformas superpuestas, sobre las que se colocarán rústicas construcciones de esteras o cañas (quincha), revestidas de barro, que albergarán a los seres humanos, estructuras que al decorarse, también se dedicarán a recibir a las potencias sobrehumanas que controlan las aguas, el viento, los animales y las plantas, la vida, la enfermedad y la muerte, lo que hará posible desarrollarse cosmogonías adecuadas a los diversos medios del área, y sacralizar ciertos lugares por su relación, real o supuesta, con esas fuerzas superiores.
Para el hombre primitivo será suficiente al comienzo, levantar un simple paravientos con ramas o esteras, que lo aislarán y protegerán de las inclemencias del medio y abrigarán a su familia. Pero el posterior desarrollo de las ideas mágico-religiosas traerá aparejado además otras necesidades, pues los dioses y las fuerzas espirituales en general, requieren habitáculos especiales, visibles, ornamentados y destacados, más sólidos y elevados que los que usan los normales y corrientes seres humanos, así que se construirán altas plataformas artificiales, que repetirán el modelo de las montañas en el horizonte, donde se supone habitan esos poderes, surgiendo las primeras construcciones sacralizadas, que serán el resultado –en la costa peruana-, de una infinidad de cestos rellenos de piedras y barro, que se superponen para estructurar pirámides escalonadas, estructuras en donde se encuentran además, pozos circulares, destinados a servir de fogones sagrados, como ocurre en El Paraíso (en Chuquitanta), y en La Florida (Lima), en Marcará, Huaynuná, La Galgada y otros numerosos sitios del Formativo, donde el fuego y los humos que producen los materiales quemados, se convierte sin duda, en elemento indispensable del ritual y de la vida misma de las gentes, contándose con ductos para evacuar el exceso de calor, humo u olores derivados de la quema de ciertos elementos: carnes, yerbas, ajíes, etc.
Después de los pioneros trabajos de Junius Bird en Huaca Prieta, en la desembocadura del río Chicama, La Libertad, se continuaron las investigaciones sobre el Precerámico por obra de Menghin y Schroeder primero, y luego sobre todo, de Frédéric Engel y sus asociados (Edward Lanning, Henning Bishoff, Bernardino Ojeda), quienes recorrieron la costa entre Bayóvar en Piura y Otuma (en Paracas, Ica), ubicando yacimientos de esta época en Paracas (Disco Verde), Curayacu (San Bartolo), Asia, Chilca, Río Seco de Chancay, El Paraíso, Cerro Iguanil, Cerro Paloma, Bermejo, Las Aldas, Salinas de Chao, trabajos que, con el apoyo de los análisis del Radio Carbono 14, han permitido llegar a la diferenciación del período en dos momentos principales: el precerámico sin algodón -más antiguo-, sin la presencia de cultivos mayores, es decir, con una agricultura de tipo que se está denominando hortícola, y el precerámico con algodón, conectado con los inicios de la agricultura de riego artificial y los primeros desarrollos de la alta cultura andina, correspondientes a los inicios del Formativo.
Hacia el norte de la costa aparece el complejo de Talara, que llega al 11,000 a.C., y surge también aunque con menor antigüedad, el complejo Paiján. Sitios arqueológicos fechados entre el 12,000 y el 8,500 aparecen en la desembocadura del río Chillón, Lima, dados a conocer especialmente por obra de Lanning, que han evidenciado elementos de una industria lítica sobre instrumentos bifaciales, bastante rústicos. Los centros de producción de estos útiles estaban en relación con las rocas aflorantes, especialmente cuarcita dura micro granular. Caracteriza el primer momento de producción de estas herramientas de piedra el área denominada “Zona Roja”, con la presencia de instrumentos toscos, de corte y punta, concordante en el tiempo con un clima lluvioso y con mayores precipitaciones en la sierra que lo que sucede actualmente, como lo indican diversos estudios climatológicos. Oquendo, en el Callao, de otro lado, corresponde a una segunda etapa de este primer momento, con implementos de láminas, lascas o esquirlas, como rascadores, cuchillos y otros útiles, que servían sobre todo para trabajar la madera y el hueso. Al avanzar el precerámico, aparecen dos variantes en el instrumental lítico: en una primera instancia hay chopping tools bifaciales, cuchillos, rascadores y largas y gruesas puntas de lanza, con retoques apenas en los bordes, período en el que el clima presenta una alternancia de sequedad con humedad. En un segundo momento, junto a los anteriores instrumentos aparecen puntas alargadas, mejor retocadas, probablemente empleadas con astil y uso de propulsores (estólica).
Entre el 12,000 y el 10,000 se tiene un nuevo avance de los glaciares (fase Magapata), que luego retroceden entre el 9,000 y el 8,000 a.C. tiempo en el que, con la fase Antarraga, vuelven a avanzar los hielos que, finalmente y a partir de entonces, retroceden una vez más, hasta los tiempos actuales, haciendo que el clima costero sea más seco a partir de ese momento; paralelamente ocurrirá la extinción -en esa época-, de los caballos primitivos, el tigre dientes de sable, los grandes camélidos antiguos (Paleo auchenia), el mamut y el mastodonte, apareciendo nuevas condiciones ecológicas y los animales actuales. Los primeros rastros de la presencia humana en la sierra norte ocurren en El Cumbe, Cajamarca, entre 12,500 y 10,500 años atrás. Para el 9,700 a.C., en la Cordillera Negra, en la gruta de Guitarrero, Callejón de Huaylas, frente a Yungay, Ancash, los antiguos cazadores establecieron un campamento, desde donde alcanzaban las zonas cercanas a los glaciares para conseguir sus presas de caza, y de allí descendían hacia el valle del río Santa, para recoger diversos vegetales, que complementaban su dieta. La alimentación, al comienzo, se basaba fundamentalmente en aquel entonces, en la carne de camélidos y cérvidos, así como algunas perdices y otras aves menores, pero además las gentes recurrían a rizomas, tubérculos y variados frutos, como la lúcuma y el pacae, productos que sólo pueden estar presentes en este yacimiento, en el interior de la cueva, portados por mano humana.
Algunos campamentos estacionales de cazadores han sido hallados en Lauricocha, Huánuco, sobre todo por obra de Augusto Cárdich, entre los 3,900 m y los 4,600 m de altitud, en los límites de los glaciares, que muestran huesos de animales, fechados por el Carbono 14 del 9,529 +/- 250 antes del presente, junto a instrumentos líticos retocados a presión, entre ellos raspadores y puntas de flecha triangulares y estrechas, lo que evidencia, al lado de figuras de pintura rupestre, que ya se usaba el propulsor, estólica o lanza-dardos por ese entonces. En una segunda fase (del 8,140 a.C.) de ese momento, las puntas líticas asumen forma de hoja de laurel y abundan los cuchillos bifaciales de forma oval. Para la última fase de Lauricocha (del 3,000 al 2,000 a.C.), las puntas de los dardos son entonces mucho más cortas, lo que podría estar indicando un uso especializado en la cacería de presas de tamaños menores, tiempo en que la megafauna ya estaba extinta para esas fechas, época además, en la que es probable la existencia de cruentas luchas intergrupales, pues se han hallado cadáveres que llevaban al cuello un collarín de fragmentos circulares de hueso craneal humano, probablemente como trofeo guerrero. El arte rupestre, de otro lado, ha dejado ejemplos de escenas de caza en Ranracancha (Huánuco), Chaclarragra (Pasco), Llama Corral (Ancash), Toquepala (Moquegua), Checta (Lima), Huancor (Chincha) y otros sitios más. Llama la atención el gran parecido que muestran pictografías y petroglifos con el arte del Paleolítico Superior europeo, aunque con tratamiento más esquemático. Consideramos que no cabe duda alguna que estos diseños muestran una profunda relación con la magia propiciatoria que se supone, debieron emplear los antiguos cazadores. Hay representaciones de animales heridos y caídos, uno incluso con un dardo clavado en el cuerpo, mientras que los hombres que los persiguen llevan máscaras zoomorfas. Una de las pinturas fue cortada con instrumento filoso cuando el pigmento ya estaba seco, en acción que desconocemos su función. La mayoría de los animales representados pictóricamente en Toquepala son aparentemente guanacos, cazados por el sistema del chaco. En estos cuadros que muestran gran realismo, los camélidos están siendo cercados por los monteros, que llevan dardos o garrotes en las manos. Las más antiguas escenas están pintadas al agua, con pincel fino, sin claroscuros. Hay también algunas figuras aisladas hechas con los dedos, empleándose pigmentos de vehículo graso, y aparecen asimismo, y por sectores, incisiones realizadas en las paredes de las cuevas, de orden geométrico por lo general.
Para la caverna de Guitarrero, tenemos algunos fechados radiocarbónicos que superan los 10.000 años. En las cercanías del lago Chinchaycocha, Junín, se ubican Pachamachay y Pampacancha, yacimientos que muestran la presencia de cazadores con poca movilidad, especialmente por la segura existencia de un crecido número de camélidos que aprovechaban las aguas del lago y los pastos naturales de su entorno. Telarmachay, sobre San Pedro de Cajas, también en Junín, pareciera haber sido el centro donde se inició la domesticación de los camélidos sudamericanos hace más de 5,000 años, a unos 4,420 m sobre el nivel del mar. A 30 km de Pachamachay, se ubica Panalauca, que probablemente pudo haber sido ocupada desde los 8,000 hasta los 1,800 a.C., en tanto que Engel informa que en la caverna “Tres Ventanas”, en la sierra de Chilca, habría entierros humanos con cierto tratamiento de preservación o momificación.
* Francisco Iriarte Brenner. Jefe de la División de Patrimonio Cultural de Iriarte & Asociados. Doctor en Antropología, ex-Decano del Colegio de Arqueólogos del Perú. Ha sido Director de Patrimonio Cultural Monumental de la Nación del Perú(INC).

Perù es la civilizaciòn màs antigua del mundo, junto con Mesopotamia, ya que ambas surgieron en el año 3,500 a.C., lo cual es un orgullo para todos los peruanos y americanos.