Congreso aprueba ley para evitar discriminación a escolares embarazadas

Lima, Perú (Spacio Libre).- El pleno del Congreso aprobó el proyecto de ley por el cual las escolares embarazadas no podrán ser separadas de su centro educativo y se les brindará todas las facilidades para su reinserción a la vida colegial en los plazos determinados.

Según comentó la autora del proyecto, la congresista Alda Lazo, «las escolares embarazadas, muchas veces son discriminadas por sus familias y sobre todo rechazadas por las autoridades de su centro de estudios que deciden separarlas del plantel, sustentando que son un mal ejemplo para el resto de sus compañeras».

El proyecto contaba con el voto unánime en las comisiones de la Mujer y Desarrollo Social y de Educación, y fue aprobada en el Pleno, en mayoría.

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Por: Francisco Pérez García

Gonzalo Alegría, candidato a la alcaldía de Lima por Acción Popular, le dijo a Rosa María Palacios en una de sus últimas entrevistas previas al cierre de campaña que «he obtenido más resultados haciendo cosas absurdas como ponerme un pijama rojo o disfrazarme del Increíble Hulk (…) mi preparación política en Europa y mis propuestas técnicas, aquí no funcionan».

Duro, pero cierto. Uno hace un recuento rápido sin pensarlo mucho y se da cuenta que las mejores fórmulas que funcionaron en el pasado para obtener votos fueron los hechos anecdóticos o la autoridiculización llevada a su máximo esplendor. Para muestra algunos botones: el 13 en la nalga de Susy Díaz, el tractorcito de Fujimori, el paseo a caballo de Federico Salas, el «pobrecitos los viejitos» de Barrón, la escobita y la imitación de Carlos Alvarez a Fernando Olivera, entre otros.

Y en estas elecciones municipales, que aún no se van (por obra y gracia de los entes electorales), no ha sido la excepción. A la consabida autoconfesión de Alegría, se suman el «helicóptero» de Alex Gonzales, que le permitió algunas primeras planas y un porcentaje nadita despreciable, el «huevo móvil» y el «súper huevo» de Fernán Altuve y en provincias el loretano besucón, el «Còndorman» cusqueño, volviendo a Lima, el duchazo con ropa de Morey, entre otros.

Es decir, la política llevada al ridículo, a la huachafería y apelando al sentido poco crítico de los electores o creyendo que están al frente de débiles mentales que no responden a otra cosa más que a lo sensorial, al placer culposo del reirse de la ridiculez del otro, al extraño defecto de «votar por el más chistosito».