[Opinión] Una respuesta al «Rey del Concreto»

"El rey del concreto" ¿con sus súbditos? / Foto: Correo

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El alcalde de Lima, Luis Castañeda, reapareció públicamente y declaró a la prensa en su papel de siempre: faltoso, majadero y arrogante. Su nuevo logro, tras aumentar su desaprobación en las encuestas,  es dividir la discusión sobre la incapacidad de su gestión y las críticas sobre su falta de propuestas, entre «pitucos» y «necesitados».  Marité Bustamante, promotora de la iniciativa ciudadana «Habla Castañeda» plantea una respuesta frente a esta nueva reacción del «Mejor alcalde de Lima de todos los tiempos».

Por Marité Bustamante (*)
@MariteBustamant 

Foto de portada: Diario Correo

Ante el movimiento vecinal que reclama planificación, defiende lo público y exige la participación en la toma de decisiones, Castañeda ensaya una respuesta falaz: pretende dividir Lima entre ¿»pitucos azurdosos»? y «pobres necesitados de cemento» para colocarse, luego, como «el rey del concreto».

Lo que no nota el Alcalde es que dicha autodenominación lo pinta de cuerpo entero y nos da las herramientas para demostrar lo nocivo que es para Lima: Castañeda se pinta como un rey, como si cuando hablamos de respuestas ante el déficit de infraestructura, hablásemos de dádivas y no de derechos; de decisiones personales y no de políticas públicas.

Lo cierto es que quienes siguen viendo en las necesidades de los sectores populares, el escenario perfecto para su legitimación a través del clientelismo, no tienen ninguna intención real de resolver los problemas de fondo, pues nuestra situación de precariedad es la condición de su perpetuación en el poder.

«El rey del concreto» ¿con sus súbditos? / Foto: Correo

Lo más perverso de esta propuesta es que aunque se dice que se gobierna para los pobres, en realidad se construye una ciudad para los ricos, donde la calidad de los servicios públicos depende de cuánto dinero tienen los residentes de un barrio y donde cada vez más nos vamos dividiendo entre «barrios bien» y «barrios populares» sin preguntarnos por qué a algunos no toca vivir en unos y no en otros; y por qué lo popular tendría que ser sinónimo de una absoluta falta de derechos.

Ante la vieja estrategia de «caviarización», debemos ser capaces de representar y dar solución a las demandas populares, de seguir afirmando el valor de lo público y el enfoque de derechos cuando hablamos de condiciones de existencias y servicios públicos. Si queremos vencer el sentido común que sostiene el intercambio de obras por adhesión política, nos toca reconfigurar la relación ciudadanos-Estado y nos toca hacerlo desde los barrios, con la gente. Quizás solo en este último punto Castañeda haya acertado como político. Él sentó las bases de su legitimidad con cada escalera que fue construyendo, nuestro reto es volverlas un símbolo del chantaje político y de la denigración del ciudadano a súbdito.

Vamos construyendo ese camino y por eso el Alcalde vocifera. El cemento, por sí solo, va perdiendo capacidad para dar respuesta a los principales problemas de la ciudad y cada vez más se vuelve sinónimo de sobrecostos e ineficiencia, y no de soluciones.

(*) Exregidora metropolitana de Lima. Promotora de la iniciativa ciudadana Habla Castañeda

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