[Opinión] Por una política para el autismo.

Compartir

Quiero agradecer a Spacio Libre la oportunidad de retornar con estos textos que intentan dar una visión general sobre la neurodiversidad y en particular sobre el autismo.

Personas en el espectro autista, son un potencial colchón electoral para toma de decisiones / Foto: Eita

Por Ernesto Reaño
@reagno

A Alexandra Ames, en este retorno.

He pensado mucho sobre el tema a tratar en el regreso a este espacio semanal y no ha sido fácil. Hace unos días celebrábamos, por ejemplo, el día del orgullo autista, fecha importante para los colectivos que agrupan personas con esta condición.

Movimientos políticos, no de aquellos que se iluminan de azul cada 2 de abril para una visibilización efímera. Políticos, sí. Mala palabra en la actualidad de un país plagado de una clase dirigente sin vocación de servicio al ciudadano, a la “polis” -de donde viene el término- y que para los griegos significaba la preocupación genuina por el gobierno de sí y de los otros. Hacer política no supone, esencialmente, buscar el poder fáctico sino preocuparnos, desde nuestro espacio de ciudadanos, sobre cómo queremos y decidimos que nos gobiernen y ocuparnos de quienes son autoridades en la vigilancia del cumplimiento de sus deberes.

Necesitamos una política para el autismo que no se traduzca en meras leyes, reglamentos y planes; en el Perú ya los tenemos y no funcionan porque no hay la observancia de su ejecución. Se trata de papeles creados por políticos y determinados colectivos que no toman en cuenta la voz sobre quienes están legislando: las propias personas autistas. ¿Cuánta de esta ley, reglamento, plan, ha sido discutida y debatida con sus propios beneficiarios? Nada. “Nada sobre nosotros sin nosotros” es un lema de lucha de los movimientos de personas con discapacidad. Es el lema de los colectivos de personas autistas, también. Nada de ellos hallamos en los papeles que regirán sus vidas: leyes vacías, expropiadas de significado, de los deseos de los sujetos que deberían habitarlas y a quienes restituirían en una tierra de derecho.

Tenemos un proceso de elecciones municipales en unos meses. Sabemos que, por cálculos aproximados, el uno por ciento de la población mundial se encuentra dentro de las condiciones del espectro autista. Así, para Lima (hágase el cálculo en cada provincia de nuestra patria), tenemos noventa mil personas autistas. Imaginemos un escenario donde todos contasen con un diagnóstico: cada una de esas personas tiene al menos -idealmente- un padre, una madre o un cuidador, tendríamos, entonces, mínimamente, noventa mil votos a favor de la causa del autismo.

Cada una de esas personas y sus cuidadores tienen familiares y amigos, lo cual, siendo lo más austeros en nuestra apreciación, daría dos amigos por cuidador, es decir, ciento ochenta mil votos. A esto le podemos añadir la suma de adultos con esta condición que, sí, votan (porque ojo políticos. votan), y decir que si son un tercio tenemos treinta mil votos más. Un total de, al menos, trescientos mil. Cifra nada despreciable para poner a cualquier candidato a la alcaldía de Lima contra la pared y deseoso de negociar. Cifra que es muy superior evidentemente. Con ella podemos exigir planes concretos, no promesas. Y con dicha cifra podemos salir a las calles, no para pasear vestidos de azul ni hacer pasacalles: para conquistar nuestros derechos.

Tags: , , , , , ,

Spacio Libre

Author:Spacio Libre

Este es el espacio de la redacción, el de las notas casi volteadas, coyunturales y que recogen parte de lo que ocurre día a día. Los demás informes son firmados por cada uno de los autores y respaldados por el equipo. Síguenos en @spaciolibre y www.facebook.com/spaciolibre.pe

No comments yet.

Leave a Reply