Bolivia: Entre el desgaste político y el juego de las probabilidades

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Por: Carlos E. Flores (*)

Era diciembre del 2007. Evo Morales, en medio de las tensiones políticas, propuso al congreso someter a votación popular los cargos de Presidente de la República, Vicepresidente y de los nueve prefectos que gobiernan, en mismo número, los departamentos de Bolivia. La Cámara de Diputados lo aprobó, pero el senado (dominado por la oposición) la mantuvo en la congeladora, quizás esperando el momento adecuado.

El Movimiento al Socialismo (MAS) quiso frenar la iniciativa que no les fue consultada, pero no pudo. Evo tomó esa decisión con sus colaboradores más cercanos; el MAS argumentó que se trataba de un riesgo innecesario. Finalmente, nadie abordó el tema, se olvidaron de la propuesta. Con los meses devino un estancamiento del proceso político emprendido por Evo Morales ante la persistente meta de las famosas autonomías, impulsada por grupos empresariales, que prefieren conservar privilegios antes que cambios redistributivos.

Pasó la consulta por el Estatuto Autonómico de Santa Cruz: que dejó un muerto, quema de ánforas, heridos, denuncias de fraude, enfrentamientos, y donde más del 50% de cruceños, entre ausentismos, votos en blanco y en contra, manifestaron su rechazo a los estatutos. En medio de esta situación convulsa, cuando pasado ya ese proceso cruceño y Evo Morales convocaba a diálogo a la oposición, el 8 de mayo, el senado resucitó, descongeló la propuesta hecha por Evo Morales hace cuatro meses: el referendo revocatorio del Presidente de la República, Vicepresidente y todos los prefectos. Evo, tomó el guante y la convirtió en ley. De esta manera, el 10 de agosto, bolivianos y bolivianas, volverán a las urnas para confirmar o no un gobierno nacional que ha sido elegido por el 54% de ciudadanos y ciudadanas. Por el mismo rasero, pasarán todos los prefectos (gobernadores) de Bolivia. Por quinta vez en seis años los bolivianos y bolivianas vivirán un proceso electoral. En esta oportunidad se trata del tercer referendo nacional.

Es una ley sin precedentes en la política boliviana. Y es una ley que obedece más al contexto político que los sectores más conservadores quieren imponer para desgastar al gobierno. Diera la impresión que pasado este referendo revocatorio pueda destrabarse el proceso político boliviano, pero la pregunta salta como un resorte: ¿Y qué pasa si, realizado el referendo revocatorio, queda ratificada la figura de Evo Morales y de los mismos prefectos opositores de la Media Luna? No sea que se esté configurando una crisis social más aguda, que resuelva en las calles, esta paralización política. Esta reflexión, que parece alarmista, no debe omitirse del margen de probabilidades.

La percepción que muchos bolivianos tienen es que este referendo permita ya la continuidad del proceso, que no signifique un volver a consultar, otro llamado a las urnas. Esta convocatoria tiene la figura de un pulseo político: medir fuerzas, colocando a la ciudadanía al medio para que defina. Pero la impaciencia ciudadana podría sentirse en el ambiente, ya que de consulta en consulta no se puede marchar, hay que definir escenarios y avanzar procesos.

Si realmente existiera la voluntad de consensuar, la oposición abriera la mesa de diálogo con una agenda planteada: revisar, por ejemplo, el proyecto de Constitución Política y ver el tema de la descentralización y las autonomías. Y en lo que va de este año, no se asoma en el horizonte, el aprobar o no, vía referendo, este proyecto de constitución. La Carta Magna que define el escenario político, social y económico; el que pone las reglas de juego, sigue en espera. Ese documento, piedra matriz de la sociedad, no está en discusión ni en fecha de viabilizar referendo.

Pese a la puesta en mesa de este referendo descongelado por la oposición, estos, han visto que un proceso de esta naturaleza les puede generar un desgaste político también. Muchos guardan un porcentaje bastante bajo en relación con el obtenido por el mandatario. A eso le sumamos el hecho de que hay dos consultas ciudadanas sobre estatutos autonómicos, Pando y Tarija, 01 y 22 de junio respectivamente. Esto implica hacer campaña por el sí a los Estatutos Autonómicos por parte de los prefectos opositores, y luego mirar la campaña por las revocatorias. Es pues una doble jornada para los opositores. Hay inquietud y temor.

Miremos en detalle la revocatoria. Esta revocatoria solo se puede presentar en caso la autoridad en cuestión obtenga un rechazo superior al porcentaje de apoyo obtenido y al número absoluto de votos cuando fue electa. Por ejemplo, para revocar al Presidente de la República, el nivel de rechazo tiene que ser mayor al 53.7% y a los 1.544.374 de votos que tanto Evo Morales y García Linera (Vicepresidente) obtuvieron en el 2005. No olvidemos que Evo Morales es el primer presidente que ha llegado al poder, en democracia, con mayoría absoluta, y cuyo nivel de preferencia se mantiene ligeramente intacto.

Mientras que los Prefectos, que encabezan la oposición, tendrán que convencer a esos sectores de su jurisdicción que están en contra de las autonomías o bien podrían votar en blanco o anular su voto para las revocatorias del 10 de agosto. Pero en la probabilidad de que Evo Morales sea rechazado (teniendo que convocarse a elecciones generales en un plazo de seis meses), quién de la derecha puede canalizar las aspiraciones ciudadanas. Difícil responder. Raúl Costas, el Prefecto (Gobernador) de Santa Cruz, el opositor más visible, no tiene el respaldo de la mayoría ciudadana. Detrás de él, no figura nadie que pueda mínimamente generar cierto nivel de confianza. Más aún, cuando aún se tiene muy fresca en la memoria la salida de Gonzalo “Goni” Sánchez de Lozada, que salió del poder con una decena de muertos a cuestas. Si la silla de la Presidencia de la República que ocupa Morales fuera revocada ninguna figura del sector de la derecha, del sector empresarial, guarda suficiente respaldo popular.

En este pulseo político hay un amplio juego de probabilidades. Sin embargo, no se debe alimentar la impaciencia ciudadana que puede percibir que de consulta en consulta no se avanza. Y mientras esto sucede, la refundación nacional, a través de la aceptación o rechazo del Proyecto de la Constitución Política, sigue en espera. Los sectores conservadores se la saben todas.

(*) Responsable de la Producción Informativa de la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica ALER (www.aler.org)

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