A propósito de las relaciones Washington – Ankara

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Por: Yorka Gamarra Boluarte
Hacia el final de la Belle Epoque [1] europea, el Comité de Unión y Progreso (CUP) o Ittihad ve Terakkí Jemiyettí, conocido como los “Jóvenes Turcos”, alentado por las nuevas ideas del estado nacional (ideas demográficas) y la amenaza que se cernía sobre el Imperio Otomano por parte de sus vecinos, dada su creciente debilidad, arremete contra la población armenia de Turquía, eliminando y deportado a casi millón y medio de armenios.
El “panturquismo” reivindicaba un estado turco extendido desde el Mar Negro hasta los desiertos de China. El CUP, derroca al sultán Hamid y emprende una persecución contra la minoría armenia de Turquía. Antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial, el mundo sería testigo del primer genocidio del siglo XX. El genocidio armenio.
Armenia[2], una altiplanicie de aproximadamente 400.000 km2 de superficie, con una altura media de 1.800 metros sobre el nivel del mar, está situada entre las mesetas de Irán y de Asia Menor, el mar Negro y las llanuras de Transcaucasia y Mesopotamia.
Los testigos de la época, entre los que se encuentran funcionarios diplomáticos extranjeros y sobrevivientes quienes pudieron dar fe de los hechos, hablaron de escenas de holocausto, cadáveres y cabezas humanas apiñados en las calles, exilio de poblaciones enteras hacia los desiertos de Siria e Irak y destrucción de casi toda la riqueza cultural y material de la antigua cultura armenia.
El negacionismo
Turquía mantiene una política de negación de lo sucedido en sus territorios los primeros años del siglo pasado, lo que el Gobierno Turco sostiene es que lo que ocurrió fue un “incidente” entre grupos internos ocasionando pérdidas humanas de un lado y del otro. Turquía es uno de los fuertes candidatos a ingresar a la UE, el genocidio armenio y la situación de los Kurdos en su territorio es un punto que le está dificultando el camino. Unos 30 países han reconocido la existencia del genocidio armenio, en América Latina solo lo han hecho Uruguay, Venezuela, Argentina y Chile.
El 10 de octubre de este año, la Comisión de Exteriores de la cámara baja del parlamento de los EEUU ha hecho lo mismo, si lo ratificara el Pleno del Congreso, sería para Bush y sus socios, quienes se han rasgado las vestiduras porque esto es “atentar” contra las buenas relaciones con su aliado estratégico en la invasión a Irak, un reconocimiento de lo que sus tropas hacen en Irak y Afganistán. El Artículo II de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (adoptada por la Asamblea General de naciones Unidas en su Resolución 260 A III) del 9 de diciembre de 1948 y entrada en vigor el 12 de enero de 1951, prescribe que: “se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpretados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:
a) Matanza de miembros del grupo;
b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo”.
Para que se configure el delito de genocidio tiene que existir el objeto de poner fin a la existencia colectiva de una comunidad, planificación centralizada y un aparato que implemente. El genocidio es un prototipo de crimen de estado.
Si el Siglo XX se inició con un genocidio, el inicio del siglo XXI no tuvo mejor suerte, la invasión a Bagdad e Irak son, qué duda cabe, dos genocidios. Genocidios que quedarán registrados en la historia como el perpetrado contra toda la humanidad, en condiciones de unipolaridad y con varios actores estatales centralmente organizados a partir de un mando con sede en Washington.

* Periodista, abogada y especialista en temas internacionales

[1] Algunos historiadores señalan como el final de la Belle Époque el naufragio del Titanic, en 1912, percibido como el comienzo de la desconfianza de la tecnología.
[2] Armenia, recién alcanza su independencia en setiembre de 1991, luego de la caída de la URSS.

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